La vida siguió y yo con ella. Puedo decir que el duelo y la codependencia están completamente sanados. Es raro el día en el que pienso en mi relación pasada. Por lo regular sucede cuando alguien me pregunta al respecto y cuando sucede, me limito a responder que estoy agradecida y que ahora, sólo importa el presente. No he sabido nada de él y la verdad es que tampoco he tenido mucho interés por saberlo. He enfocado mi atención en otros asuntos: mi trabajo, mi familia, mis proyectos, mis amistades e incluso, el amor.

Esta experiencia me ha servido mucho para cambiar mi enfoque acerca de las relaciones amorosas. Caí en cuenta que tenía muchas creencias tóxicas relacionadas con el amor y hasta de mí. Creía que por amor, se debía de soportarlo todo. Me dí cuenta que eso no era amor, sino falta del mismo hacía mí misma. Tenía la plena seguridad de que si quería iniciar cualquier tipo de relación amorosa con otra persona, primero debía de sanarme a mí misma. La soledad se volvió mi aliada y dejé de huir de ella. Me ayudó mucho a conocerme realmente y a definir tanto lo que no quería como lo que sí quería para mí y mi vida. Sabía que si comenzaba un nuevo ciclo amoroso con alguien más, cualquier residuo de dolor, de rencor, resentimiento o añoranza, iba a aflorar tarde o temprano. Así que me dí el tiempo necesario para reencontrarme. Afortunadamente él, fue paciente conmigo, de lo contrario hubiera sabido en ese momento que lo mejor era mantener las cosas en un plano meramente amistoso.

Él, me ha enseñado muchas cosas, más de las que él mismo se imagina. Y no sólo acerca de las relaciones, sino también acerca de mí misma y de la vida. Él me ha enseñado esa libertad propia que se refleja en la relación. Esa capacidad de confiar en uno mismo y en el otro. Esa honestidad y comunicación que se da cuando en la relación de pareja, se mantiene intacta la amistad. La importancia de ser amigo de tu pareja, es algo que muchas veces pasamos por alto o que simplemente algunas personas creen que no es posible hacerlo, pues una vez que hay un vínculo de pareja, sin importar el título, creen que el de la amistad, automáticamente se rompe o desaparece.

Creo que es una de las creencias más tóxicas que puede haber, pues toda esa tolerancia, comprensión, entendimiento y hasta jugueteo que hay en una amistad, no tienen que perderse al momento de adquirir un título amoroso como el de noviazgo o matrimonio y tristemente es lo primero que perdemos. Comenzamos a exigir más, a personalizar los errores del otro, a querer controlar los tiempos, y los acuerdos implícitos en la amistad, aquellos acuerdos que nos permitieron vincularnos, desaparecen. Al suceder esto, nos volvemos más vulnerables a relacionarnos por medio de la codependencia.

Una de las tantas creencias que la codependencia había generado en mí, fue que yo era una persona sumamente celosa. Durante 3 años, lo creí con tanta fuerza que terminé convencida de ello. Hoy me doy cuenta que sólo fue un síntoma más de estar en una relación tóxica que te merma el autoestima hasta perderte de vista. Pude recordar realmente quién era, ver con claridad mis debilidades y fortalezas, sin estarme viendo a través de un vínculo dañino y dependiente. Hoy puedo ser en completa totalidad, yo con él y es algo que valoro cada segundo de mi vida. Él me ha enseñado también el recibir, que yo también merezco recibir así como el dar, he ido aprendiendo a hacerlo, la grandeza que hay en los pequeños detalles y en cada cuidado. El dar sin obligación sin horarios, sin trámites, sin límites. El dar por el placer de hacerlo. El estar por el placer de hacerlo. La importancia del espacio personal y el compartirlo por el placer de hacerlo. Y todo esto sin un gramo de violencia o dolor.

Nunca dejé de creer en las relaciones, ni en el amor, pero sí había dejado de creer en mí, al grado de tener que determinarme por una relación. Hoy puedo decir con toda certeza y seguridad, que estoy en una relación libre, sin dependencias, sin control y que cada día que estamos juntos es porque así lo vamos eligiendo, no por compromiso, por trámite o límite, sino por el mero placer de hacerlo.

Es increíble lo que sucede cuando te comienzas a amar a ti mismo.
El trabajo está cada vez mejor, mi relación con mi familia, aunque con altibajos, es más fuerte y sólida. Mis amistades me dicen frecuentemente que me ven muy feliz y tranquila. La vida me bendice cada día. Hoy, cuando llego a recordar el proceso, no siento más que gratitud. Si tuviera que volver a vivir mi vida, incluyendo mi duelo codependiente, lo volvería a hacer sin dudarlo. Cada lágrima, cada noche en vela, cada pesadilla, absolutamente todo, pues todo eso me ha traído aquí.

A estar, a sentir pero sobretodo a SER, no por trámite, ni por compromiso, sino por el mero placer de SER.

Namasté.