En nuestra búsqueda de crecimiento y sanación, solemos asistir a cursos, terapias y talleres o también nos apoyamos en libros y audios que nos permitan alcanzar aquella información que se convierta en conocimiento y después en sabiduría. Reiki, acupuntura, aromaterapia, thetahealing, Ho’oponopono, Ayurveda, meditación, veganismo, biodescodificación, son tan solo algunas de las herramientas que miles de personas usan cada día para solucionar aquello que se manifesto como problema o simplemente para mantener un estilo de vida balancedo y saludable. Es común que cuando nos encontramos con alguna nueva filosofía o técnica que nos de las respuestas que hemos estado buscando desde hace mucho, nazca en nosotros la emoción por compartir el resultado que hemos obtenido en nuestra práctica.

Sin embargo a lo largo de nuestro camino, nos iremos dando cuenta la gran diversidad de opciones, opiniones, experiencias de sanación que hay y que muchas veces no coincidirán con la propia, incluso puede ser que hasta se contradigan.

Y es ahí mismo cuando nos encontramos con el reto de trascender nuestro ego, de no permitir que nuestras creencias nos limiten y de ser congruentes con todo aquello que predicamos.

El ego espiritual se manifiesta cuando usamos aquello que sabemos, que hemos crecido, sanado y aprendido, para juzgar a la otra persona que ha llevado un camino diferente o incluuso mostrar un sentimiento de superioridad.

Aquí algunos ejemplos:

“Esa técnica que tú usas no sirve, la que yo uso es la mejor”

“Tengo más camino recorrido que tú, por eso soy más sabio que tú”

“He asistido a cursos, talleres, terapias, clases, leído libros, soy más iluminado que tú”

“Si no piensas como yo, es porque sigues dormido”

“Mi dieta es mejor que la tuya, tú eres insensible por comer diferente a mí”

“Mi camino espiritual es el correcto, el tuyo es una farsa”

“Yo he sufrido más que tú, tú no sabes nada de la vida”

“Yo te puedo salvar, curar, sanar con mi poderosísima energía”

“Yo medito, hago yoga, rezo, prendo incienso y visto de blanco, soy más espiritual que tú”

“Mejor primero lee el libro, porque aunque te explique no me vas a entender”

“No necesito ayuda ni consejos, menos de personas que no están en mi canal”

“Esa persona medita pero tiene tatuajes, seguro no es tan espiritual”

Una conciencia despierta sabe y entiende el concepto de la unidad, de “todos somos uno” y que el primer reto es dejar de juzgar al otro. Que la verdad es el encuentro del alma con lo que es, no con lo que queramos que sea o lo que percibimos que es. Que al final, nuestro libre albedrío nos permite elegir experiencias de vida y que aunque no sean compatibles con las de otros seres, no quiere decir que unas sean mejores que otras. El camino espiritual no es una carrera o competencia, es un proceso personal y único. El mayor síntoma de que realmente estamos despertando es cuando dejamos de juzgar el sueño del otro y lo respetamos. El no comprender algo no lo hace algo sin sentido, el no estar de acuerdo no lo hace inválido, el no creerlo no lo hace una mentira, el no haberlo vivido no lo hace menos real.

El respeto que le demos a nuestro proceso espiritual se ve inmediatamente reflejado en el respeto espiritual o no espiritual de los demás.

Si juzgamos el camino elegido por los demás, es un indicador de que aún tenemos mucho que trabajar en nosotros mismos.

El verdadero camino espiritual es la trascendencia del ego.