No es cosa del otro mundo, ni práctica de iniciados (como lo fue en otros tiempos) llevar a cabo una breve reflexión sobre nuestros propios pensamientos. Tal vez el quehacer diario nos impida darle el seguimiento adecuado al rastreo de una idea, tal vez la convivencia con nuestros vecinos (compañeros de trabajo, roomies, familiares, pareja, hijos) nos robe más tiempo del que debería impidiendo hacer esta tan noble y liberadora acción propia del ser humano. Tal vez, inclusive (y me atrevo a apostar que esta es la principal razón) los juicios ajenos, provenientes tanto de la genuina estima como de la hipócrita crítica, llegan a suplir y a ocupar el tiempo que empleamos para reflexionar de la manera que hablaba en un principio de este párrafo. Estoy seguro de que a más de uno de los que leemos esto, nos ha quitado el sueño un juicio de esta índole, ya sea papá diciéndonos que no somos suficientemente buenos, como la pareja señalándonos con ese dedo lacerante en nuestros más íntimos defectos. Sin embargo, y a pesar de estos inconvenientes antes señalados, siempre encontramos un momento feliz, un pequeño instante liberador en los que podemos mirarnos a nosotros mismos completamente desnudos y sin máscaras sociales. No sé ustedes, pero a mí me pasa la mayor parte de las veces en dos situaciones: la primera y más profunda es cuando tomo una ducha. La segunda, en el transporte público. Habrá quien lo haga en otros lugares, habrá quien mientras espera que terminen de freírse los huevos, se toma un momentito para mirarse y ver cómo es en realidad, qué defectos y cualidades positivas tiene y luego, en menos de un parpadeo, regrese a continuar con la tarea que le ocupa. ¿A ustedes les ha pasado? ¿En dónde les sucede? ¡Cuéntenos!

En esta entrada quiero hablar un poco acerca de lo que es la reflexión, entendida en un sentido, como ya es costumbre, muy occidental. La reflexión es doblar nuestros pensamientos, nuestra mirada sobre nuestros propios pensamientos, adquiriendo así cierta distancia que permita contemplarlos en plenitud. Es decir, es análogo a verse a un espejo, si acercamos el espejo demasiado a nuestra cara, solo vamos a poder ver nuestro propio ojo, pero si nos alejamos lo suficiente podremos ver la mayor parte de nuestro cuerpo sin importar lo pequeño que el espejo sea. Lo que quiero decir con esto es que tenemos el súper poder de conocernos a nosotros mismos. ¿A qué grado y qué cosas nos lo impiden? Bueno, eso se tratará muy brevemente a lo largo de esta entrada. ¿Vale la pena hacer el intento de conocerse a uno mismo? Esta pregunta sale sobrando, la tenemos como supuesto a la hora de escribir la presente entrada, si la traigo a colación, es para que usted, que muy amablemente me regala su atención y su tiempo, se la haga a usted mismo. ¿Qué beneficios obtiene de conocerse a sí mismo? Aunque sea un poquito, ¿se va a hacer más listo, más sabio, más feliz? Tal vez le podría parecer que pierde su tiempo, que hay cosas más importantes que hacer con su vida y con sus preciados segundos de vida que hacer una introspección, una reflexión. Tal vez tenga razón, sin embargo, déjeme señalarle, que aunque esté usted convencido de que las reflexiones son pérdida de tiempo, los seres humanos no podemos escapar de ellas, y tarde o tempranos terminamos pensando dentro de nosotros mismos y para nosotros mismos, en el ruidoso silencio de nuestra voz interior cosas como “soy muy bueno en esto” o “no podría, o “¿cómo fue que llegué hasta aquí?”. El diálogo interno, la voz que tenemos caracterizada en un simpático grillo gracias a Disney, no deja de juzgarnos a nosotros mismos, y sin la debida mediación, puede ser tan dañina (o incluso más) que la de nuestros vecinos.

Las reflexiones, volviendo a la pregunta antes propuesta, tal vez nonos hagan más listos, tal vez no nos hagan más sabios e incluso no nos hagan más felices, al contrario, corremos el riesgo de encararnos a nosotros mismos como somos en una situación más verdadera, porque es difícil engañarnos a nosotros mismos en este sentido, cuando nos vemos tal cuál somos. Podemos hacernos los locos después de ver en nosotros mismos algo que no nos guste, o podemos hacer como que nunca pasó, pero la espinita, la incomodidad o incluso la educación que hemos recibido en nuestra vida, inevitablemente nos obligará a echar otro vistazo a nuestro propio ser. Lo que garantizo, es que a través de la reflexión, nos hacemos más libres, en un sentido de autoconocimiento. ¿Qué quiero decir con esto? Sencillo, muchas veces no nos atrevemos a intentar algo porque mamá nos dijo de muy pequeños que nos lastimaríamos, en mi caso, por ejemplo, es andar en motocicleta. Pero no se detiene ahí, si los compañeros de clase nos dicen que somos graciosos y a nosotros nos gusta la idea, entonces nos haremos graciosos, si nos etiquetan como malos, seremos malhechores, patanes o embaucadores. Incluso aunque no nos gusten las etiquetas, muchas veces ellas nos llevan a actuar de maneras que no nos gusta, como por ejemplo, cuando tenemos mala fama. En este sentido, la reflexión nos ofrece un camino liberador, que llegado a cierto punto rompe con estas máscaras o etiquetas que la sociedad nos ha ido pegando en la frente, y nos acerca más a la luz interior, a nuestra verdadera esencia. Quiero hacer una aclaración aquí, porque se presta a una confusión con estas tradiciones orientales que tanto se han metido en nuestro mundo en los últimos años. Una reflexión, no es lo mismo a la práctica llamada meditación. En la primera, uno observa y colecciona lo que es, las partes de su esencia y construye un yo genuino, a partir de un primer momento de intimidad que se da a la hora de mirarse uno mismo, ese primer momento que precede al juicio y a la aceptación o negación de lo que se observa. En el caso de la meditación, se hace lo opuesto, en el sentido de que la idea es despojarnos de todo lo que nos impide vernos tal cuál somos, es decir, el proceso es uno en el cuál se practica el ir soltando lo que llevamos a cuestas, lo que se amontona sobre nuestro ser y que nos distorsiona nuestra imagen. Sin embargo, para lograr este punto de intimidad y genuina apreciación propia al que nos conduce la meditación, es necesario hacer lo que en la reflexión no se hace. Hay que callar la voz interna, hay que dejar de pensar, hay que encontrar cierta paz que permita que las máscaras se resbalen.

En el caso de la reflexión, es todo lo contrario, el modo de reflexionar es uno en el que se debe pensar, pensar sobre lo pensado y someterlo a crítica propia, utilizando los medios aprendidos a lo largo de nuestra vida, utilizando creencias y pasiones, vivencias y sueños, metas y fracasos y confrontándolos en un estado consciente, buscando la validez o falsedad de cada una de las cosas que creemos sobre nosotros. ¿Lo ha intentado usted que me lee en estos momentos? Rastrear hasta qué punto somos lo que creemos que somos. El camino es mucho más fácil de describir que de seguir, el primer paso es, tomar una idea, una que nos guste mucho o que detestemos; “Odio comer pescado” “Amo la música de Jazz” y cuestionarnos (por supuesto tratando de darnos una solución)el porqué de estas cosas. Ojo, no se confunda esta práctica con las que llevan a cabo los psicólogos o los psicoanalistas, no, ellos lo observan a uno desde la mayor de las distancias (la de la ajenidad, la de ser efectivamente otro distinto a mí), en cambio, en la reflexión, no podemos alejarnos de tal manera que seamos otros, de tal manera que no tengamos sentimientos o emociones propias, o que nos alejemos a tan distancia que las cosas que vamos encontrando en nuestras reflexiones, las que nos conmueven hasta las lágrimas o nos alegran hasta ellas también, nos resulten completamente extrañas. Lo que quiero decir, es que a la hora de la reflexión, las emociones que saltan en defensa de nuestras creencias, son completamente puras, brotan desde nosotros para nosotros mismos y es por eso que es más trabajoso el proceso. Se recomienda hacer notas, escribir las respuestas que nos damos y llevar hasta cierto punto un archivo propio de autoconocimiento.

En fin, esperen en futuras entregas un poco más de profundidad en la exposición de este tema, que espero sea de su agrado. Por lo mientras espero que les sea de provecho este breve exposición acerca del proceso de reflexión que personalmente llevo a cabo cada que puedo. En futuras entradas sobre este tema, trataré de explorar qué tanto podemos explorar una idea, qué tanto podemos reflexionar sobre ella y qué tanto provecho podemos sacar de este ejercicio. Por lo mientras, me quedo aquí, esperando que, alguien conmovido por la curiosidad, empieza a explorarse al menos en el primer paso propuesto, se encuentre con los problemas que acabo de señalar y vea que el largo camino que implica llevar a cabo una reflexión seria sobre uno mismo.

 

Nuevamente le agradezco a SER Energía en Movimiento y a la Coach Claudia Hernández por el espacio que me brinda y le agradezco a ustedes, den el público, por su aceptación y bonitos comentarios que han hecho en las entregas pasadas. Díganos qué temas les gustaría que se trataran en esta columna, con gusto haremos nuestro mejor esfuerzo por comentarlos. ¡Nos vemos en la próxima entrega!