¿Quién de nosotros no se ha enamorado al menos una vez en la vida? Es el sentimiento más poderoso que puede haber en este mundo: da paso a la creatividad, el crecimiento y a la superación. Es motivo, causa y finalidad de la mayoría de las cosas que hacemos y la principal fuente de sonrisas en todo el mundo. Hablar acerca del amor no siempre es sencillo, el tema, aunque muy común y cotidiano, da mucho sobre qué hablar. No son en vano todos los versos, toda la poesía y las novelas que se han escrito en honor a esta experiencia y aun así, queda muy lejos la posibilidad de que se vea agotado como tema de encomio para los cantantes, para los valientes, para las quinceañeras y para las mujeres que descubren el recién llegado milagro de la maternidad. El amor nos abarca a todos y todos cabemos bajo su gigantesco manto, aunque no queramos. Es tal su poder, que bien decía aquél filósofo griego sabio a más no poder cuando afirmaba que no había hombre tan cobarde que no se volviera valiente por amor. Y esto, aunque suena tremendamente romántico, lo creo con todas mis fuerzas y sospecho que ustedes también, queridos lectores.

El amor nos lleva de la mano a explorar lugares desconocidos, nos retoca con matices coloridos toda la realidad y muchas veces embellece de más a las personas que nos rodean. Es tal su potencia que nos lleva a construir un mundo entero bajo su amparo, un mundo perfecto en el que habitaremos con nuestra pareja. ¿A poco no nos sentimos así cada vez que nos enamoramos? Yo sé que sí, y es este el mundo digno al que pertenecen las parejas que luchan por llevar una relación sana. El objetivo nos lo ponemos nosotros mismos justo enfrente de nuestros ojos, nuestro deber, que no es poca cosa, es llegar de la mano de nuestra pareja a ese lugar fantástico juntos. ¿Qué se debe hacer? ¿Todos lo podemos alcanzar? ¿Por qué fracasan las relaciones? La respuesta a estas preguntas son sencillas, y lo más seguro es que las estés respondiendo mientras las lees. No hay mucho misterio para hacerlo, ¿queremos tener una relación bonita, funcional y sana? Debemos trabajar en equipo, trabajar al lado de nuestra pareja para construirnos un presente estable, sano que devendrá en un futuro lleno de paz y prosperidad. No pienses, aunque tus heridas te hagan más ruido que tu consciencia, que tú eres un impedido para el amor, que por alguna extraña situación que se debe al frío y malintencionado azar, tú eres la excepción de la regla. No, déjame informarte que aunque lo quisieras, no puedes escapar de enamorarte, tarde o temprano te va a llegar y lo más seguro es que no estés preparado para actuar a la altura. Es normal, no hay de qué avergonzarse, y lo que es mejor de todo, es que cuando llegue, no estarás solo en este viaje, como pocas cosas en la vida, en ésta, tendrás un acompañante que estará en la misma situación que tú. De esto se deriva la respuesta a la tercera pregunta, y si te preguntas por qué fracasan las relaciones siendo el amor el Motor Inmóvil del mundo entero, la respuesta corta es que es una fuerza tan potente, tan grande que solo puede ser controlada por dos personas. Si esta se le deja a una sola, entonces se saldrá de control, y si ninguna de las personas que han sido inundadas por esta potencia pone de su parte para generar armonía, entonces terminarán destruyendo esta oportunidad de crecer juntos.

Conozco un mito antiguo, que habla justamente acerca de esta situación, me gustaría explorarlo un poco más a profundidad en futuras entregas, por lo mientras comenzaré por hacerlo en la presente. Antes de comenzar, me gustaría que no nos incomodemos por la palabra mito, que si bien en la actualidad está relacionada con la parte peyorativa de la ficción, no pierde su valor y su potencia didáctica, no deja de mostrarnos cosas que sin duda alguna nos dejarán un crecimiento personal muy valioso. El mito es el tataratataratataraabuelo (omití unos cien tátaras para que no enloqueciéramos en el proceso) de lo que hoy llamamos la media naranja. No desciende tal cuál, sin embargo, no dudo que encontrarán el parecido genético. Este mito, cabe señalar, aparece por primera vez en el Banquete de Platón, y es un discurso que ofrece Aristófanes a sus compañeros. Bueno, una vez hechas las acotaciones pertinentes, les comparto.

Cuenta el buen Aristófanes que muchísimos años atrás, muchos pero muchos antes de que ellos vivieran (y ellos vivieron unos cuatrocientos años antes de Cristo) existía el ser humano distinto al que nosotros conocemos, distinto a su vez al que ellos conocieron y del cuál solo se conserva su nombre: Andrógino (este nombre viene de la unión de las dos palabras griegas de hombre y de mujer y que juntos significan algo como “hombremujer”). Estos andróginos eran unos seres humanos un tanto curiosos, estaban los dos en un mismo cuerpo, tenían cuatro brazos, cuatro piernas dos cabezas y un solo corazón. Los andróginos estaban hechos de modo tal que sus cabezas miraban en una dirección opuesta a las de su compañero, y por lo tanto no estaban del todo conscientes de estar compartiendo el mismo lugar. Nos cuenta Aristófanes que estos seres afortunados, eran como dos cuerpos pegados por la espalda, que jamás lograban llegar a verse. Los andróginos vivían en armonía y vivían bastante bien, tenían una sociedad productiva y podían hacerlo todo, no había límites para ninguno de ellos en su íntima unidad, sin embargo, su poder era tal que no estaban del todo satisfechos, y comenzaron poco a poco a querer más hasta que comenzaron a escalar el Olimpo buscando de alguna manera exigirle a los dioses que les cumpliera su capricho. Zeus, que estaba ya reinando en el trono de los Campos Elíseos, tuvo que defender el lugar y tuvo sobre todo que reestablecer el Orden ya que es su quehacer en el mundo. Así que lo que hizo fue lanzar uno y miles de rayos y centellas de modo tal que separó a los andróginos que confundidos y llenos de dolor cayeron rodando a las faldas del monte. Fueron separados, y una vez que recuperaron el conocimiento sintieron que les hacía falta una parte fundamental de sí, una ritmo que terminara de completar la sinfonía de su corazón y unas manos que les ayudaran a llevar a cabo las grandes obras de que lograron construir trabajando en equipo. Los andróginos, habían quedado separados por su ambición, en dos cuerpos incompletos, inestables, carentes y necesitados. La rebelión fue detenida, porque el resto del tiempo que tuvieron de vida lo invirtieron en buscar su otra mitad, a su compañero de vida. Termina diciendo Aristófanes que de ahí la razón por la que somos ahora hombre y mujer, dos seres tan distintos y tan iguales al mismo tiempo.

Vayamos despacio y por partes que esto no es una carrera de velocidad ni hay premio a quien logre terminar el quehacer antes que los demás. En esta entrada quiero comentar un poco acerca de los andróginos, pero más que nada sobre la composición de su cuerpo. ¿Qué cosas podemos aprender de este mito? Los invito a que hagan el ejercicio de la reflexión y vayan adelantándose un poco a mis siguientes entregas, comenten al pie del artículo lo que piensan, lo que reflexionan, me interesa escucharlos, de este modo resultará mucho más nutritivo para ambas partes. Bueno, los andróginos eran un ser completo, una unidad funcional que no carecía de nada, que en primer lugar debía de encontrar un balance entre sus dos mentes, entre sus dos cabezas, conjugar sus ideas y estabilizar los objetivos, cosa ya bastante complicada, cosa que no es nada sencilla y que para ellos significaba poner en juego la vida misma. Pensemos un momento en los andróginos, imaginemos una construcción de sus cuerpos (aunque nos parezcan algo monstruosas o graciosas) ¿qué creen que le hubiera pasado a un andrógino que no hubiera sabido entenderse con su otra mitad cuando tenía hambre? Por un lado pareciera que estos seres tenían sencilla la decisión cotidiana y que gracias a que ambos compartían el cuerpo no había mucha discusión a la hora de tomar decisiones ya que si uno tenía hambre, el otro también la sentía, lo mismo con el sueño, el frío, el miedo, el calor. Como ya lo dije, en un principio parece mucho más sencillo que nosotros que tenemos completa autonomía en nuestro cuerpo, en nuestro pensar y en nuestro quehacer. Sin embargo, es un mito sólido y los andróginos tenían sus cabezas separadas, ¿por qué? Sencillo, eran mentes distintas, almas individuales que convivían en una unidad (algo que sucede todavía en la actualidad), dos mentes que, para no dejarnos la experiencia muy alejada de la nuestra, miraban en sentidos opuestos, dicen que de la vista nace el amor, y no me cuesta mucho trabajo imaginar (y creo que a ti, querido lector, tampoco) en que una cabeza de un andrógino podía ver manzanas y apetecer comer una de ellas, mientras que la otra cabeza que estaba viendo en sentido completamente opuesto, miraba peras y apetecía comer una de ellas. Podemos ver que era inevitable la necesidad de llegar a un acuerdo, ya que era el mismo cuerpo el que se movía para conseguir la comida. ¿Se imaginan si una cabeza molesta, ofendida por alguna falla de su contraparte se negaba a cooperar? Bien podría hacer pasar a la unidad hambre, frío o impedirle moverse en una situación de peligro, solo para castigarlo, solo para imponer sus caprichos a la otra mente pensante. No nos cuesta mucho trabajo imaginar esto, ¿verdad? Esta contraposición de las cabezas, no solo era una desventaja, no al contrario, tenía su función y era una función que nosotros carecemos, y es, que podíamos cuidar el uno del otro todo el tiempo. Nosotros los seres humanos individuales, no podemos mirar hacia atrás si no damos una vuelta completa de nuestro cuerpo. No podemos descansar en un momento de peligro. Pensemos en estos seres andróginos primeros que vivían en un lugar sin comodidades, un tanto parecido a los cavernícolas, y pensemos que era muy importante darse cuenta de que ellos estaban siendo asechados por algún león o un animal salvaje. Pensemos también que podían ponerse de acuerdo para tomar guardia por turnos durante la noche, protegiendo una cabeza mientras la otra descansaba. Pensemos también, que estas miradas opuestas, servían a su vez para tener un conocimiento del mundo mucho más completo, ya que percibían cosas por duplicado, lo que uno veía y le era negado al otro, el primero se lo mostraba, le hablaba y le enseñaba, mientras el segundo hacía lo mismo con lo que él percibía. Podemos ver que la comunicación en estos hombres (aunque Aristófanes no lo haga explícito) es muy completa, ya que se pone en juego la supervivencia de la unidad. Los andróginos tenían cuatro manos, cuatro pies, por lo que podían realizar las cosas dos veces más rápido que nosotros que somos individuales. Imaginen todas las cosas que se podían hacer con un cuerpo que tiene el doble de capacidad, el doble de potencia que nosotros, a su vez, imaginen lo fácil que era para ellos autodestruirse en caso de que no supieran encontrar la justa medida que los llevara a estar en armonía.

El mito de los andróginos aunque ya muy viejo, mantiene muchos detalles valiosos que llegan a ser muy nutritivos si reflexionamos sobre ellos. Me gustaría dejar un par de preguntas abiertas, para quien quiera contestarlas a partir de lo que hemos hablado hoy y que si alguien gusta, y me dejan un comentario en la página, yo responderé desde mi punto de vista en la siguiente entrega. La primera de ellas es, ¿en qué se parece la vida de un andrógino a la vida en pareja de los seres humanos de hoy en día? La segunda pregunta es, ¿qué creen que le haga falta al relato para que retrate la vida cotidiana de las parejas actuales? Bueno… les dejo una tercera, que confío responderán con gusto nuestras lectoras: ¿crees que en la vida cotidiana de los andróginos había equidad (igualdad) de género? Me despido por hoy, agradeciendo su tiempo y esperando que sea de provecho esta lectura. ¡Hasta la próxima!