Todo aquello que defendamos como verdad, se convertirá en nuestra realidad.
¿Alguna vez te has preguntado por qué crees lo que crees? ¿Cuál es el origen de aquello que defiendes como verdad? Es muy posible que lo hayas aprendido por repetición de figuras influyentes en tu vida, por “domesticación” y patrones heredados o incluso por imposición. Sin embargo fue tu mente la que se encargo de encontrar esta coherencia y congruencia entre tus pensamientos y tu realidad ej:
Una niña creció en una familia donde papá le era infiel a mamá de manera constante, ella veía llorar a su mamá cada que discutían. Creció formándose una idea en su mente de que “los hombres son infieles y hacen llorar a las mujeres”. Cuando ella crece, siente atracción por hombres que cumplen su requisito mental, es decir que son infieles y así el círculo se cierra donde ella se autoconvence de que “todos los hombres son infieles”.
A esto se le llama PROFECIA DE AUTOCUMPLIMIENTO.
La autoconsciencia, es decir el verdadero conocimiento de uno mismo es una pieza fundamental para que nuestra percepción no esté filtrada por creencias y patrones tóxicos.
La autoconsciencia determina la percepción.
La percepción determina mi realidad.
Si quiero cambiar mi realidad, debo de sanar mi percepción trabajando en mi autoconsciencia.
Es por esto que es importante tener la sana humildad de cuestionar aquello que llamo verdad, sobretodo si me causa dolor.
Una de las mayores anclas del sufrimiento es esa falsa necesidad de tener la razón. Cuando esto suceda es momento de cuestionar por qué creo lo que creo y sabré por qué veo lo que veo.
Nada es verdad, nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira.
Namasté