Se le conoce como “angustia de abandono”, “ansiedad por abandono” o “ansiedad por separación”. Se define como un miedo extremo que aparece en algunas personas, ante la posibilidad de separarse de una persona que aman. Aparece en el 40% de los niños y en un número indeterminado de adultos.

Esta condición fue definida por los psiquiatras John Bowlby y Mary Ainsworth, quienes desarrollaron la llamada “Teoría del apego”, con base en una perspectiva psicoanalítica.

Sus investigaciones se centraron principalmente en la relación de los niños con sus madres. Con el tiempo, se ha hecho visible que esta condición también se presenta en la vida adulta, aunque siempre sobre la base de experiencias vividas en la infancia

Formas de la angustia

La angustia de abandono se presenta bajo dos formas: apego por ansiedad y apego al abandono. En la primera, que es la más típica, hay una fuerte dependencia hacia una persona amada y cualquier asomo de separación es experimentado con fuertes dosis de ansiedad. En la segunda, ocurre todo lo contrario: la persona se obsesiona con ser independiente y evita cualquier situación que pueda llevarla a lazos afectivos demasiado profundos.

La situación tiene su origen cuando la madre, o el cuidador de un niño, no puede, o no quiere, responder como figura protectora frente a los miedos que el pequeño experimenta. Ante esta circunstancia el niño puede crecer de dos formas:
  • Sigue durante toda su vida buscando el afecto y los cuidados que no tuvo durante su infancia.
  • Reacciona defensivamente y se torna distante y desconfiado para no volver a sentir esos vacíos que lo lastimaban cuando era pequeño.

En la vida adulta la angustia de abandono se manifiesta principalmente en el terreno de la pareja. Las personas tendemos a repetir los patrones de relación que tuvimos con nuestros padres y es por eso que los temores y expectativas infantiles entran nuevamente en escena.

Casi siempre hacen su aparición de manera inconsciente, es decir, no nos damos cuenta de que muchos de nuestros comportamientos obedecen a esas experiencias de infancia, sino que pensamos que forman parte de un presente sin nexos con ese pasado lejano.

Los ecos del abandono

Del 40% de niños que experimentan angustia de abandono, un 4% llega a extremos preocupantes. Es el caso de los pequeños que ante una tardanza de la madre entran en pánico y construyen terribles fantasías en torno a esa demora. Piensan frecuentemente en la posibilidad de que su madre, o su cuidador, sufra un accidente o una enfermedad y muera.

Aparecen también muchas manifestaciones físicas. Sienten dolor de estómago, o tienen vómitos y sensaciones de ahogo. También se vuelven frecuentes las pesadillas y experimentan temores nocturnos, miedo a la oscuridad y una inquietud permanente.

Los adultos con angustia de abandono viven también esos síntomas varias veces a lo largo de su vida. Generalmente cuando entablan una relación amorosa.

Casi todos son reticentes a enamorarse. Algunos de ellos dan el paso y después desarrollan una fuerte dependencia de su pareja. Se vuelven controladores, necesitados de llamar la atención en todo momento y extremadamente sensibles a cualquier expresión de autonomía por parte de su cónyuge. Se aferran a quien “aman”, de una forma que suele asfixiar al otro.

En otros casos optan por tener sexo casual solamente, o relaciones intrascendentes con varias personas a la vez. Hay desconfianza y se desprecia a los demás con el propósito de no desarrollar vínculos íntimos.

La angustia de abandono es una situación que demanda ayuda profesional para lograr que se hagan conscientes esas estrategias de comportamiento que en realidad no forman parte de “la manera de ser” de una persona, sino de un conflicto de infancia no abordado.

Edith Sánchez