Duele la cabeza y el pecho, cuesta respirar, no hay apetito ni ánimos de hacer nada, los días son largos y las noches se combinan entre eternas con insomnio o demasiado cortas haciendo que la mayor parte de tu vigilia se convierta en un sueño profundo… Sientes que nunca te recuperarás y que quizás no vuelvas a sonreír, esa relación era muy importante para ti, amaste profundamente y sientes que eso no fue suficiente o que simplemente no lo valoraron… tienes el corazón roto.

Cuando pasamos por este tipo de situaciones lo único que queremos es dejar de sentirnos así y podemos recurrir a falsos escapes que sólo empeorarán el dolor, pues al no permitirnos llevar el duelo, éste se va acumulando. Sé que es extremadamente difícil pero debemos darnos el permiso de sentir cada emoción que albergue nuestro corazón: tristeza, coraje, confusión, etc. y expresarlas de una manera sana y constructiva desde el llanto, escribir, el arte, hablar acerca de lo que sentimos.

Por el estrés emocional que esto representa podemos llegar a presentar síntomas similares a los de un ataque cardíaco como dolor en el pecho y dificultad para respirar, pero esto suele ser temporal y no deja secuelas pues no afecta las arterias coronarias sino al músculo cardíaco, la causa es un aumento en las hormonas relacionadas con el estrés como la adrenalina, a esto se le llama “síndrome del corazón roto” o cardiomiopatía de Takotsubo.

Sanar un corazón no es fácil, pues se requiere de tiempo, ayuda y sobretodo mucha fortaleza. Habrá momentos en que sentiremos que nada nos importa y otros donde querremos buscar respuestas acerca de cosas que no entendimos durante la relación y el por qué tuvo este desenlace, pero debemos de tener cuidado que en cualquiera de estas dos etapas no caigamos en acciones autodestructivas. Llegaremos a la aceptación de que no podremos hacer absolutamente nada para cambiar el pasado, pero si nuestro futuro, tomando decisiones acertivas en nuestro presente.

Hay que diferenciar las cosas a las que debamos aferrarnos, como a la vida, los amigos que te apoyan, los hobbies que te conectan con tu ser y al mismo amor. Aferrarnos a las personas que nos dañan, a los hábitos que nos destruyen, a las creencias tóxicas, sólo lograrán que perdamos nuestro camino, las personas que realmente nos aman y terminemos por perdernos a nosotros mismos haciendo de este duelo algo permanente.

El perdón es una de las claves más poderosas pero difíciles de llevar, sólo quien sabe realmente amar sabe perdonar. Perdonar a quién rompió tu corazón y a quien a veces ni si quiera muestra el mínimo remordimiento del daño que hizo justificando todo con tus errores. Perdónate a ti por tus faltas, pero no te flageles ni permitas que alguien más lo haga. Simplemente perdona.

Uno de mis maestros me dijo que este tipo de procesos sirven para que la verdadera personalidad y esencia aflore con más fuerza al irse superando todo lo que sentimos y no somos, tendremos con mayor claridad la certeza de lo que queremos y no queremos para nosotros mismos y que las caídas son necesarias para valorarnos más a nosotros mismos.

Hoy agradezco sus palabras, pues son este tipo de cosas a las que hay que aferrarnos y son este tipo de personas las que nos regalan su luz y que impiden que perdamos la fe.

Si no me puedo separar de aquello que hoy no está, no podré encontrarme libre para vincularme con lo que en este momento sí está aquí conmigo.
Las conductas negadoras postergan el duelo, pero no lo evitan. Hay que vivir con toda plenitud los duelos, por nuestras pérdidas y nuestros cambios.

Sólo al dejar ir sabremos realmente quien deba y quiera quedarse.

Es verdad, vivir no es fácil, pero es hermoso. Vale la pena vivir, vale penar por vivir, darnos cuenta que la vida está llena de contrastes y matices, que cada persona que llega a nuestras vida es por algo, por más dura que sea la experiencia, que estamos vivos y por eso sentimos, por eso lloramos y por eso reímos, que llegará un punto en que tendremos que aceptar que hay personas que quizás se queden toda la vida en nuestro corazón (por más roto que esté) pero que aunque lo queramos, no se quedarán en nuestra vida, que cada persona que nos lastime a la vez nos está enseñando a amar, que no hay que vivir nuestras equivocaciones como errores, porque errar es fallar y si siempre diste lo mejor aunque te equivocaras, no fallaste.