ETS

Una enfermedad venérea puede sugerir que subsiste un sentimiento de culpabilidad frente a mi sexualidad. Frecuentemente, la educación religiosa me reveló la sexualidad como algo sucio e impuro. Sintiéndome avergonzado,
creo que debo castigarme rechazando mis partes genitales. Me auto – castigo y me auto- destruyo. La energía sexual es sumamente importante y poderosa, forma parte integrante de mi programa genético para la supervivencia de la
especie. En consecuencia, una enfermedad venérea implica una afección o una infección vinculada a esta energía. Si la desestimo, tendrá tendencia a girarse contra mí, a volverse “enferma”, dándome así la ocasión de descubrir
que lo que hago está en desarmonía con el flujo natural y el equilibrio de esta energía. Es importante que acepte que la sexualidad es un modo de expresar mi amor y mi deseo de unirme al otro.

FRIGIDEZ

La frigidez consiste en una insatisfacción sexual en la mujer durante las relaciones sexuales. Generalmente, hay un traumatismo profundo o un conflicto interior. El miedo está en el centro de este estado: miedo de mis impulsos sexuales y del placer que podrían hacerme parecer “indecente”, miedo de abandonarme y de perder el control. Tengo miedo de “perder algo” “sometiéndome a la sexualidad. En realidad, se trata del miedo a afrontar lo que escondo en el interior mío. Cuando está presente este miedo, frecuentemente creo que soy fea y sin valor. Tengo vergüenza y me
culpabilizo profundamente. Esto frecuentemente resulta de un abuso sexual vivido en la infancia, o del condicionamiento de los padres diciendo que “el sexo es malo” o de la creencia que “amor y sexo no van juntos”. Estas percepciones estando escondidas en el inconsciente, deseo retirarme de toda participación, rechazar la sexualidad sin saber porqué de un modo consciente. La educación que recibí tiene un gran impacto sobre mi frigidez. ¿Estaba considerada la sexualidad envilecedora y representativa de los instintos más bajos del ser humano? ¿Oí hablar de resignación y sumisión frente a las relaciones sexuales, con el sobreentendido de que no había ningún placer? ¿Abusaron de mí sexualmente en mi infancia? Si es así, rechazo inconscientemente mi sexualidad y siento dificultad en dejarme tocar sin sentir miedo y asco. Tomo consciencia de que no hay nada indecente en la
sexualidad. Al contrario, cuando está expresada entre parejas consintientes que viven una relación de aceptación y de profundo amor, es bella y sana. Acepto abrirme a mi pareja, expresarle mis miedos, mis temores. Acepto
decirle mis necesidades. Comprendo que la sexualidad forma parte de mi dimensión física y que es una fuente de desarrollo para mi evolución.

EYACULACIÓN PRECOZ

La eyaculación precoz o eyaculación prematura puede estar vinculada a mis primeras experiencias sexuales. Cuando me masturbo, me siento culpable porque lo siento como siendo “malo” o “prohibido”. Me doy prisa por lo tanto en alcanzar la eyaculación. El placer de lo prohibido siempre ha tenido una atracción muy fuerte e, incluso de modo inconsciente, intento volverlo a vivir. También puede que me imponga presiones y nerviosidad en mi deseo de resultado óptimo. Quiero probarme a mí y a mi pareja “lo que soy capaz de hacer”, con resultados opuestos y frecuentemente inesperados. Debo relajarme y volver a aprender el placer sexual vinculado a la masturbación en
un clima libre de coacciones y culpabilidad. Solo o con mi pareja, vuelvo a descubrir el gozo de la masturbación retrasando cada vez más el momento de la eyaculación. Esto se vuelve un juego en el cual encuentro mucho placer.
Así puedo emprender una psicoterapia que me ayudará a disminuir esta culpabilidad que pude vivir en mi infancia y que hará disminuir mi ansiedad en querer ser el mejor desarrollando más confianza en mí.