“En la jerga de Internet, un trol o troll describe a una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como un foro de discusión, sala de chat o blog, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional en los usuarios y lectores y alterar la conversación normal en un tema de discusión, logrando que los mismos usuarios se enfaden y se enfrenten entre sí. El trol puede crear mensajes con diferente tipo de contenido como groserías, ofensas, mentiras difíciles de detectar, con la intención de confundir y ocasionar sentimientos encontrados en los demás.” *
La mayoría en algún momento nos hemos topado con alguno de estos personajes, sin embargo ellos también tienen mucho que enseñarnos, aunque nos cueste creerlo. El término “trol” es relativamente nuevo, pero el tipo de comportamiento no, de hecho es algo tan antiguo como las relaciones mismas y quizás sin darnos cuenta nosotros mismos hemos sido uno de ellos.
Éste tipo de comportamientos vienen desde una parte herida del ego, desde un malestar, una carga emocional tan grande que necesitamos “repartirla” para volverla aparentemente un poco más ligera. Cómo funciona:
Yo me siento tan mal conmigo, que apelo a la provocación, picaré a tu ego para que se enganche con el mío y así poder justificar mi malestar con tu comportamiento, en vez de hacerme responsable de él.
Un ejemplo común es en la vida en pareja, donde una de las partes provocará al otro de manera consciente o inconscientemente haciendo justamente lo que sabe que detona enojo en el otro, puede ser llegando tarde, contestando de manera fría, dejando ropa fuera de su lugar, sirviendo la comida muy caliente o cualquier nimiedad, de manera repetida hasta que la otra parte reaccione de manera similar a la provocación, y ahora sí ¡pum! arde Troya, pero ahora ya con un culpable, el que reaccionó.
Imagina que todos tenemos un trol interior, que se alimenta de malestar, de ira, de enojo, y este trol duerme y solo despierta cuando tiene hambre. Cuando lo hace, buscará quién le dé su “dosis” ya sea de maltrato, ira, enojo, regaño, reclamos, etc. Ya así volver a dormirse hasta que se sienta de nuevo hambriento. Mientras más alimentemos a este trol, más fuerte se volverá. La solución es, simplemente no alimentarlo. Ya sea al trol del vecino, del desconocido que publicó en internet, el de tu pareja, y sobretodo en tuyo, lo importante es no alimentarlo. Cuando un trol ve que no recibe su “dosis” de ti, simplemente dejará de solicitarla por medio de provocaciones. Cuando tu trol interior se da cuenta que no funciona su mecanismo para solicitar alimento, irá renunciando a el.
Así que, hagamos consciencia de qué tipo de alimento solicita nuestro trol, con qué tipo de troles nos solemos enganchar por lo cual los alimentamos, y actuemos desde nuestro centro.
Nuestra relación con nosotros mismos mejorará y por ende la relación con los demás.
¡NO ALIMENTEMOS AL TROL!
Namasté