“Dejar ir es permitir llegar”
Culturalmente nos enseñan que “mas vale malo conocido que bueno por conocer”, lo vamos aplicando a veces sin consciencia cuando nos aferramos a lo que ya no es o que es pero ya no funciona. En el trabajo, en la familia, en los hábitos, en las relaciones. Nos hacen creer que el pasado siempre es mejor que el futuro y hasta que el mismo presente. Nos anclamos al sentimiento de la añoranza y lo justificamos con el miedo a lo nuevo, porque creemos que los cambios duelen. No, los cambios no duelen, la resistencia a la única constante en esta vida, sí.  Pero ¿Por qué nos resistimos a avanzar, a soltar, a dejar ir? Hay diversas razones:
-Es cómodo.- Muchas personas se acostumbran a vivir con el dolor y malestar e incluso lo llegan a creer como algo “normal”. No ven otras opciones, hacen de los achaques físicos y la incomodidad emocional sus compañeros. Hasta que la vida “los sacude” cada vez más fuerte y se animan a salir de esa zona de confort.
-Ganancias secundarias.- A veces creemos que soltar es igual a perder. Nos resistimos a perdonar a alguien porque creemos que haciéndolo, fomentamos que los demás nos hagan daño. En otros casos, el mantenerme triste, enojado o anclado al pasado, me evita de una forma “aceptable” el avanzar en la vida y el justificar el no tomar responsabilidad, incluso hace que obtenga cierto tipo de atención de los que me rodean.
-Necesidad de control.- Soltar implica dejar de controlar, tanto a personas, situaciones o circunstancias. Confundimos la esperanza de que algo suceda o el perseverar, con la obstinación y necedad, sin contar que la incertidumbre de lo nuevo, por más bueno que se vislumbre, destantea a nuestro ego y su necesidad de control.
-Capricho.- Un ego enfermo busca constantemente que las demás personas satisfagan sus deseos. En forma de atención, de presencia o hasta de adoración. En otras ocasiones el ego busca alimentar alguna emoción negativa, como la ira o la tristeza. De ahí, que cada vez sea más común estar revisando las redes sociales de ex parejas, lo cual se suma a la necesidad de control y a otra más, que es el poder.
-Poder.- Personas con una personalidad con características narcisistas, basan gran parte de su autoestima en el poder que puedan ejercer en los demás. Son maestros de los sondeos que le informan qué tanto pueden influir aún en aquella persona que deberían de soltar. Ex parejas con chantajes sentimentales, padres que no permiten hacer a sus hijos su vida, son tan solo algunos ejemplos.
-Vacío.- Creemos que las otras personas son las encargadas de llenar nuestros vacíos emocionales y “hacernos felices”, cuando en algún momento de nuestras vidas, sentimos que estos vacíos son cubiertos por alguien, desarrollamos una codependencia y hasta podemos hacernos a la idea que esas personas serán las únicas capaces de volverlo a hacer.
-Idealización .- Adornamos de sobremanera los beneficios de algún trabajo, las cualidades de alguna pareja y nos desconectamos de la realidad. Esta idealización detona en nosotros, por algún tiempo, emociones tan placenteras a las que nos volvemos adictos, y aunque el placer de la idealización es efímero, nuestra adicción emocional nos lleva luchar por querer recuperar lo que creemos perdido.
-Miedo al duelo .- Tememos al dolor de reajustar nuestra vida a una nueva situación y sobretodo al síndrome de abstinencia de aquella dosis, que me proveía aquello que idealizaba. Cabe aclarar que en la mayor parte de los casos, ésta adicción es a ciertas emociones negativas, a veces incluso al maltrato.
– Miedo a la soledad .- Cuando la relación con nosotros mismos no es sana, buscaremos a toda costa no estar solos, lo que nos lleva a aferrarnos a relaciones tremendamente tóxicas.
Es importante hacer un “reality check” cada tiempo, pues es necesario hacer de la honestidad con uno mismo, un hábito. También, hacer un inventario de creencias para irnos liberando de aquellas que nos mantienen en un estado no sano. El cambio es constante en la vida, en la naturaleza. Es necesario para el crecimiento y la evolución. Fluir nos permite vivir, no solo existir. Aferrarnos a algo, es ir muriendo lentamente cada día. Date permiso de soltar, de confiar en el proceso de la vida, de sanar las heridas y sobretodo, de SER realmente feliz.