Es fácil creer que, cuando tomamos la decisión de terminar una relación que ya no va a más, los siguientes días después de este final son todo empoderamiento, sonrisas y fiestas, pero no es así. Una relación tóxica tiene la capacidad de que nos olvidemos de nosotros mismos sin que nos demos cuenta, y en ese proceso, incluso olvidamos a veces cómo sonreír y carcajearnos desde el fondo del alma. Uno de los peligros de este tipo de relaciones es que vamos normalizando el malestar. Hacemos del estrés, del miedo, de la tensión, de las culpas, de los sinsabores lo común. Vivir de esta manera se vuelve el pan de cada día. Es por eso que cuando, damos el sabio paso de terminar con esto, sí, sentimos liberación pero, también es común sentirnos perdidos; después de todo, nuestro mundo, decisiones y hasta estado de ánimo giraban en torno a esta relación codependiente y para nosotros eso, era la vida. Si bien, nos sentimos listos para emprender el vuelo, ya sin el peso de la relación tóxica, es probable que no sepamos hacia dónde volar y esto nos dé mucho miedo, miedo que suele motivarnos para volver a lo malo pero conocido. Todo mundo romantiza los finales de las relaciones tóxicas y nadie habla de lo que sigue después. La realidad es que pocas veces terminarás en un viaje espiritual en la India, como Julia Roberts en “Comer, rezar y amar”. Los siguientes días vas a tener un huracán de emociones: unos días vas a llorar desde el dolor y otros desde el coraje; unos vas a estar revisando tu celular y redes, por cualquier señal del o de la “ex” y otros, te darás cuenta que prácticamente ni piensas en él o ella; unos te vas a empoderar cambiando de look para cerrar el ciclo y otros, simplemente no vas a querer ni salir de la cama o bañarte. Y todo eso está bien. No, no eres un fracaso por no ligarte a un millonario o a una modelo después de tu ex o generar millones en criptomonedas como muestra del ser humano exitoso o valioso que eres, no. Eres un ser humano que está reacomodando sus piezas internas y que estás viviendo un proceso que es todo menos lineal. Te estás reencontrando contigo mismo y no porque no sea una explosión de bombones, diamantes y música pop de fondo quiere decir que no sea valioso. Dentro de este proceso vas a aprender a perdonar y es importante que comprendamos todos que perdonar no es lo mismo que reconciliarse o volver, sino, es permitir que todo el dolor salga de manera en que puedas reconciliarte contigo mismo y amarte lo suficiente para crear una vida que te permita ser más de ti mismo. No es un proceso de un par de días, conocernos a nosotros mismo lo suficiente para que podamos llegar a este punto, toma cierto tiempo y está bien. Así que si tú hoy estás viviendo este hermoso proceso de reconstruirte, recuerda que a veces dejar ir a alguien es permitir que la mejor versión de ti llegue. No es sencillo, pero cada paso vale la pena, te lo garantizo.

Bendiciones a tu SER.

Claudia Hernández.