Ser positivo no se trata taparse los ojos y desviar la atención de la herida, ignorándola o adornándola. Ser positivo se trata de ver la herida y confiar que puede sanarse.
En el camino de la sanación y la espiritualidad; muchas personas creen que se trata de no enojarse porque es malo, de estar oliendo siempre a incienso o de sentirse “más iluminado” que otros. A eso le llamamos ego espiritual. Sanar no es un camino recto, de bombones, arcoiris y conejitos. Sanar implica cambiar creencias, sacar el dolor que hay reprimido, aceptar nuestra oscuridad, DARNOS PERMISO de sentir, incluso aquellas emociones “prohibidas” como miedo e ira, para gestionarlas, dejar de temer al dolor, a confrontarnos, perdonar y perdonarnos, tocar temas incómodos para cambiar la perspectiva y soltar.
Ser positivo y sanar, no implica ser un robot, al contrario. Permitirnos llorar si algo duele, es más sano que forzarnos a sonreír.
Se vale caerse, romperse, levantarse, reconstruirse, equivocarse, corregirse. Es parte de ser HONESTOS con nosotros mismos.
Ten cuidado del falso positivismo. De esa “sanación” que resta, que se siente superior, que finge perfección y hasta humildad.
No se trata de ver quién pone el curita más bonito en la herida para taparla. Sino de lavarla, desinfectarla para poder cerrarla.
Así que no te sientas mal si no encajas en ese positivismo extremo, que puede ser igual de dañino como el pesimismo. Tu proceso no porque no esté lleno de confetti y diamantina, no quiere decir que no sea bello. Es bello porque es honesto, auténtico, profundo, liberador y es TUYO.
Bendiciones a tu SER.
Coach Claudia Hernández.